No busques un motivo para llorar, si tienes miles por las cuales sonreír

A lo largo de la vida nos encontraremos en situaciones en las que no apreciaremos a las personas que nos rodean. Vivimos soñando y sumergidos en ilusiones de lo que quisiéramos tener en nuestra vida, tal puede llegar a ser esa condición, aunque tengamos miles de motivos que nos hagan sonreír, buscamos siempre uno que nos haga llorar.

No todos los días amanecemos al cien por ciento, es válido y justo sentirnos tristes en ciertas ocasiones. Con motivo o sin él, la nostalgia o el desánimo puede hacerse presente en cualquier momento de nuestra vida. Pero no permitamos envolvernos por ese sentimiento, ni hacerlo costumbre, pues se convierte en una necesidad. Hay gente que no puede vivir de otra manera que no sea sumergido en la negatividad y en la depresión.

En lugar de pensar en algo malo, sobre miles de cosas buenas, enfócate en celebrar lo bueno, en enaltecerlo, en muchas ocasiones tenemos relaciones que nos resultan maravillosas. Nos enseñan, nos complementan y realmente podemos sentirnos plenos; pero, nada es eterno, más que la vida misma. Por una mínima ocasión, tiramos todo por la borda, un simple error o falta, es motivo suficiente para entregarnos a la tristeza y desechar miles de motivos que alguna vez nos hicieron reír.

No hagas a un lado aquellos momentos buenos y que siempre debes apreciar.

Aprende apreciar los buenos momentos

Parece como si de cualquier manera pretendemos ajustarnos a relaciones perfectas, a personas infalibles, a situaciones en las cuales la decepción no tenga cabida alguna. En lugar de apreciar todo aquello que nos hace humanos y además de comprender que una razón no puede bastar para toda una vida. Menos si es negativa, si parte de un error, de una equivocación de un momento de debilidad, es menester saber discernir entre lo que realmente merece una seria atención y hacer el esfuerzo que corresponde para subsanarlo si es posible.

De tu vida aprecia los buenos momentos, no hagas los no tan buenos a un lado. Finalmente, son parte de la vida, del aprendizaje, del cada día y tienen una función vital en impulsarnos a apreciar realmente aquellas cosas que de verdad nos recuerdan el valor de una sonrisa. Esos detalles, palabras, personas e instantes en los cuales renacemos. Recordamos que vale la pena todo lo que hemos atravesado por ese momento y que buscar una razón para estar tristes no es más que una manera de sabotearnos a nosotros mismos, la felicidad.